Las últimas décadas del siglo XX y la primera del XXI nos han ido mostrando un nuevo paradigma en flujos de información. Casi se podría sentenciar de forma general que nada queda fuera del internet. Blogs, twitter, wikis, facebook, son apenas algunas de las aplicaciones que los internautas hemos debido aprender a manejar para no postergarnos del mundo digital. Pero escribo mal, porque en la actualidad estamos en una nueva evolución tecnológica a la que Hugo Pardo provisoriamente ha denominado postdigitalismo.
¿Postdigitalismo? Con vocación de meme pero a sabiendas de cierta precariedad conceptual, quizá sea hora de inaugurar la segunda década del siglo XXI dando la bienvenida al postdigitalismo. La economía postdigital se define por la ubicuidad de los flujos digitales en las transacciones informacionales. Pero antes de ser objeto de cuestión por apresurarme a definir una nueva fase de la sociedad red que con precisión analizó Manuel Castells (1996), enfatizo en la observación de Csikszentmihalyi (1996) cuando decía que “en las ciencias sociales las afirmaciones no suelen ser ni verdaderas ni falsas; tan solo declaran superioridad estadística de una hipótesis sobre otra”. Somos actores exclusivos de nuestro y debemos ser precisos en definirlo, sin pesadas herencias conceptuales del pasado. En 1881 Thomas Edison viajó a París para mostrar su red eléctrica a la International Exposition of Electricity. ¿Se imaginan una exposición sobre la electricidad en la segunda mitad del siglo XX? De la misma manera que los congresos sobre Internet se multiplicaron en los últimos quince años desde la invención del World Wide Web, hoy pierden fuerza por inconsistentes y demasiado vagos temáticamente hablando. En la economía de la información del siglo XXI todos los flujos son digitales y suceden en Internet. En consecuencia, no habrá una cultura digital, ni tecnologías digitales. Que este texto sirva para alertar al lector sobre este cambio. Todas las conversaciones que se divulgan desde esta páginas ponen énfasis en describir parte de las precondiciones que son punto de partida de esta nueva fase que, reitero, provisionalmente denomino postdigitalismo (Pardo Kuklinski 2010).
Como es de suponer este inminente paradigma supone retos que pueden, como no, ser asumidos por cada persona. Cientos de reparos se levantan, temores que nos conducen incluso a vivir ansiedades; pero que de las oportunidades que podrían presentarse si aprendemos a convivir con esta nueva lógica. Tal parece que se abre un campo de oportunidades si nos asomamos por la ventana al mundo de la web 2.0